Como un beduino perdido en el desierto se veía José Antonio Labordeta al aterrizar, en 2000, en un Congreso de los Diputados con gobierno de mayoría absoluta.
Ejerció ocho años de parlamentario en la Carrera de San Jerónimo, sintiéndose ajeno a toda la parafernalia del Madrid de la Corte, pero, inspirado por su paisano Joaquín Costa, intentando ser útil. Como un moderno Quijote se vio envuelto en algunos de los episodios más importantes de los últimos años.19,00 €